Relato de un parto (y embarazo): la importancia de las matronas

No quiero escribir demasiado, el texto que viene a continuación habla por sí solo…. Pero, por ponernos en contexto: Magdalena es una de esas personas especiales que se cruzan en tu vida, en este caso, la mía. Ha sido una de las embarazadas que he tenido la suerte de acompañar en este bonito (y también difícil) camino de la maternidad.

Oírla es un placer (qué voy a decir yo…); ha querido relatar su parto (y embarazo) en esta carta dirigida a mi pero que podría estarlo a cualquiera de las (y los) profesionales que nos dedicamos en cuerpo y alma a esta profesión.

¡Os dejo con ella!


Carta a mi matrona: 25 de enero de 2019

Mi embarazo fue muy bueno, positivo, sin problemas asociados como vómitos, mareos, dolores, etc. Estaba trabajando en hostelería hasta la semana 26. Durante todo el embarazo estuve tomando hierro porque en la primera analítica tenía algo de anemia, así que me lo recomendaron para el resto del embarazo.

En la primera ecografía ya nos informaron que era una niña y que se veía todo correcto. En la segunda examinaron más detenidamente y confirmaron que todo seguía igual: estaba creciendo bien. Ya se veía la forma de bebé y salimos muy contentos, empezaba a notar las primeras pataditas. La barriga siguió creciendo y en la tercera ecografía nos dijeron que estaba todo muy bien pero que la bebé estaba de nalgas. Aún había tiempo para girarse porque tenía mucho líquido amniótico lo que permitía movimiento.

Cuando salí de allí empezaron los temores.

Nunca me había planteado un parto por cesárea, no entraba en mi cabeza, yo estaba segura que quería dar el pecho, lactancia materna exclusiva, y un parto por cesárea podría implicar no llevarlo a cabo debido a la separación entre mamá y bebé después del nacimiento. Justo al salir de la ecografía contacte contigo para explicarle mis temores. Enseguida quitaste hierro al asunto, reconociste mis miedos y me explicaste que aún había tiempo para que se diera la vuelta; me diste consejos para seguir, posturas y ejercicios.

Durante esos momentos tuve el apoyo de una muy buena profesional (además de, ahora puedo decir, amiga) con los miedos surgidos por la posible cesárea, el parto, los cambios en mi cuerpo y en mi vida. Aún recuerdo lo que me escribías a través del whatsapp: “soy de las que cree que todo es posible pero también hay bebés que están de culo por alguna razón que puede ser importante. Hay que respetarlos desde la tripa, fíjate tú qué cosas… Verás que alucine cuando la tengas en brazos, disfruta de lo que te queda, sentirlos dentro es precioso. Gestar es increíble. Dar vida es indescriptible, lo que se siente es amor del bueno, del incondicional de verdad.” “Aquí me tienes para lo que sea que puedas necesitar. Lo importante de la tribu es esta, simple y sencillamente. Es sentirse apoyada y nunca cuestionada. Puede, no lo sé, que sea complicado al principio, pero todo pasa. En cuanto os conozcáis todo saldrá rodado.”

Estuve las siguientes semanas probando todos los remedios que me aconsejaste y que me dieron algunas amigas, como andar a gatas, tumbarse en el suelo con el culo en alto apoyado en la pared y levantar las piernas, hacer volteretas en la piscina, hablarle  y pedirle que se girase, etc. No sé si algo de esto tuvo algún efecto o simplemente era algo que tenía que pasar pero la noche antes de la última cita con la ginecóloga ella se dio la vuelta, noté un movimiento fuerte y al día siguiente me lo confirmaron.

Mi fecha probable de parto era para el día 23 de enero. Ese mismo día tenía cita para monitores, fui con algún dolor parecido a cuando viene la regla, me confirmaron que tenía las primeras contracciones de parto. Durante el día 23 y 24 estuve en contacto permanente contigo, informando de los avances en  el proceso del parto, el aumento de esas contracciones, sensaciones y sentimientos. Me diste seguridad en momentos de flaqueza, conocimientos para poner actuar en todo momento, reconocer los cambios en el cuerpo y mucha ilusión en esta etapa que acababa de empezar.

“En un primer parto pasan todos los miedos por la cabeza, hay que controlar que el dolor no nos lleve la cabeza y pensar. Es una experiencia muy intensa y bonita, disfruta de todos los momentos que al final de este proceso viene lo mejor, lo más precioso que puede darte la vida”

El día 24 de noche después de cenar, ya con contracciones molestas me acosté, serían sobre las 23.30, pero ya no me dormí. No podía estar acostada, me molestaba todo, así que me levanté y estuve por casa paseando, leyendo, intentando relajarme y respirar, controlando las contracciones…  pero acabé arrodillada en el suelo aguantando el dolor hasta que no pude más. Fui a darme una ducha, recuerdo que me lo habías recomendado para calmar el dolor, y durante la ducha salió el tapón mucoso. Salí de la ducha y mi madre me ayudó a vestirme, despertamos a mi pareja, que dormía como un tronco sin enterarse de lo que pasaba y fuimos hacia el hospital. A las 4 de la noche llegamos, fueron 10 minutos, pero en el coche no pude ni sentarme cuando estaba con contracciones.

A la llegada me llevan a revisar y me explican que según la dilatación que tengo ya me puedo poner la epidural, si es que  estoy interesada en ponerla. Digo que sí. Hasta que llega la anestesista debe pasar sobre una hora o hora y algo, me ponen la epidural cuando estoy dilatada de 6 centímetros. Durante el embarazo dude mucho en si ponerla o no, me daba miedo el dolor físico, no lo soporto bien, y enseguida que me lo ofrecieron dije que sí sin pensar. Ahora, en frio, me arrepiento porque desde que  me la pusieron deje de sentir el parto. Mi parte derecha se quedó muerta hasta dos o tres horas después de estar en la habitación.

Sobre las 6, porque se pierde la noción del tiempo, mientras me ponían la epidural, rompió la bolsa. El tener que estar sentada con contracciones forzó su rotura: agua sucia. Después de la epidural todo paró, me quede tumbada, en la cama esperando a acabar de dilatar y empezar a descender por el canal de parto. Para mi fue como si todo hubiera terminado, deje de sentir completamente, pero no tenía sueño. Me quedé mirando el monitor y escuchando los latidos. A las 8.30 después del cambio de turno apareció la matrona que me había dado el curso preparto.

Me revisa todo y me dice que está preparada para nacer, ya está abajo y que cuando note una contracción, empuje.

Me tenía que avisar ella porque yo no notaba nada, no sentía si empujaba o no, me animaban mucho porque llega un momento que pierdes las fuerzas. Me pusieron oxitocina para que las contracciones fueran más fuertes y así ayudar al parto pero seguía sin notar. Tanto mi pareja como la matrona me decían que estaba a punto, pero el final no llegaba. Llamaron al pediatra para que estuviera allí para revisar todo en el momento del nacimiento.

Me hizo una episiotomía y la maniobra de kristeller, empuje con todas mis fuerzas y nació. Eran las 10’08 minutos del día 25 de enero del 2019.

Nació de color azul, no lloraba, se me hizo eterna la espera, pero de repente se puso a gritar y con la revisión rápida del pediatra me la pusieron encima. No pude verle bien la cara, era una sensación increíble, inexplicable. Muchos besos y felicitaciones de parte de mi pareja. El papá estaba muy emocionado, se agacho en el momento de la episiotomia y no le dio tiempo a levantarse porque ya había nacido, se levantó al oírla llorar. Lo que para mí fue una eternidad para él fue un segundo. No dejo de oírlo decir “es preciosa, tiene unos ojos enormes y grises” (¡al final son azules!), y mientras me cosían ella intentaba escalar hacia mí, pero la tela con la que la envolvieron y las pinzas del ombligo se lo imposibilitaban.

Por suerte terminó pronto, se fueron y me dejaron con ella unas dos horas en la sala de partos. Ella enganchada al pecho y yo relajada oliéndola, disfrutando de ese momento de unión para nosotras, de paz, calma y tranquilidad conociendo al amor de mi vida. Después fuimos hacia la habitación donde nos esperaban los abuelos muy emocionados y el papa, que había salido a decirles que todo había ido muy bien.

Durante los meses siguientes te tuve como asesora de lactancia. ¡Qué regalo!

Desde el primer momento te preocupaste en que cogiera bien el pecho, no dejaste de repetirme que pidiese ayuda en todo lo que necesitara para solo tener que centrarme en la lactancia, en ofrecer el pecho siempre que mi pequeña lo pidiese. Recuerdo que una noche viniste a casa a ayudarme a descongestionar el pecho, 4 días después de nacimiento; la subida de leche fue tan grande que tuviste que enseñarme a sacar leche con el sacaleches para facilitar al bebé la extracción. También nos aconsejaste con el porteo, tanto fular como mochila.

Sandra, no puedo terminar esta carta sin recordarte que has sido una de las personas más importantes para nuestra familia durante el embarazo, parto y los primeros meses de vida del bebé. Siempre te voy a deber una parte muy importante de mi vida.

Gracias.

>> Matrona Wellness, tu matrona en Avilés <<

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